Cholones

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Priego. Cerca de Zagrilla Alta se sitúa una cueva que aglutina en su interior huellas de presencia humana que datan desde la primera fase del Paleolítico superior

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Colada de Zagrilla a Zuheros

     La sima de Cholones se encuentra situada en la ladera sur de Sierra Alcaide, en las proximidades de la aldea de Zagrilla Alta, muy cerca las alomadas superficies margosas de la Depresión Priego-Alcaudete. El descubrimiento de la cavidad se produce el 12 de abril del año 1964, en el marco de un campamento de la OJE. El grupo de exploraciones subterráneas de Priego realizó la topografía, y se estima que su recorrido es de unos 500 metros, con un desnivel total cercano a los 100 metros, presentando una cierta complejidad. La sima de Cholones aglutina en su interior una secuencia historiográfica difícil de compendiar, ya que se han hallado huellas de presencia humana datadas desde la primera fase del Paleolítico superior hasta nuestros días, destacando las pinturas rupestres esquemáticas que ya fueron publicadas por Javier Fortea y Juan Bernier en el año 1970.

Se trata de una sima de entrada difícil, con un estrecho orificio triangular de 0,5 metros de anchura que comunica con una sinuosa gatera en una oquedad de la roca. Desde aquí, por un paso estrecho, se llega a la sima de los Cráneos, diaclasa de 30 metros de desnivel. La amplia sala da paso a la sala del Monje, donde se sitúan parte de las pinturas parietales que alberga la cueva, que continúa con varias salas y galerías.

Los materiales que se encuentran van desde el Paleolítico Medio a la Edad Moderna, sobresaliendo los del Neolítico y Calcolítico. Presenta una composición de antropomorfos esquemáticos, uno de ellos con tocado, pintados en negro formando un conjunto rectangular, 80 por 35 centímetros. En 1989, al efectuar una difícil escalada en la zona profunda de la galería principal, José Antonio Reina descubrió nuevas pinturas que se han atribuido a un momento avanzado del Paleolítico superior. Esta sima cuenta además con otras interesantes pinturas rupestres, en este caso de época medieval, acompañadas por algunos graffitti.

En el intento por localizar un acceso alternativo a la cueva de Cholones, el Grupo Espeleológico G 40 descubre la que bautizó como Sima Abraham, una cavidad natural que había permanecido completamente oculta hasta que su desobstrucción y primera exploración fuera efectuada por miembros del citado grupo el 9 de diciembre del 2007. Esta sima representa un nuevo yacimiento de vertebrados fósiles, conformado por una acumulación de huesos, principalmente de cabras monteses, ciervos y osos, así como algunos otros restos de equinos, hienas y linces, que han sido fechados en torno a 35.000 años.

Ambas cavidades se sitúan dentro de los límites del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, en una propiedad privada y cercada a la que se prohíbe el acceso. La sima de Cholones se localiza a unos 40 metros al norte del kilómetro 5,2 de la carretera de Zagrilla a Carcabuey (CO-7210), en el destruido cortijo de Cholones, dentro de lo que fue un corral.

Por su parte, a la Sima Abraham se llega siguiendo la disposición natural de la fractura en la que se estructura el sistema de galerías de Cholones, y su ingreso se dispone a una distancia reducida de 114 metros al norte, coincidiendo con una gran dolina de hundimiento, usada hasta tiempos recientes como aprisco de ganado caprino.

Dadas las dificultades e impedimentos para visitar las cuevas mencionadas, una alternativa para al menos conocer su entorno, en la parte sur de Sierra Alcaide, podría ser recorrer la colada de Zuheros a Zagrilla, camino de cronología indeterminada, de unos dos metros de anchura, que asciende hasta el collado de Sierra Alcaide, en zig-zag, con bancales de piedra en los márgenes. En dicho collado se han encontrado fragmentos de cerámica común, terra sigillata, dolia y laterculi, que denotan la existencia de un asentamiento que se remonta al Alto imperio romano. Este camino ha sido utilizado hasta hace poco tiempo para el ganado.

Colada de Priego

Al final de la calle Los Naranjos de Zagrilla Alta se encuentra un cartel con un croquis y una somera descripción del camino ganadero, colocado por la Junta de Andalucía, donde textualmente se dice «Anímese y recorra esta vía pecuaria, disfrute del Parque Natural de las Sierras Subbéticas». Decidimos hacerle caso y recorrerla, y al principio iba todo bien. El camino asciende progresivamente entre olivos y almendros, bien definido y a veces festoneado por muros de piedra; pero, al final del terreno cultivado, donde empieza el monte, nos topamos con una cerca que nos impedía el paso. Cuando ya íbamos a desistir del intento de remontar hasta la Hoya de Priego por la vía pecuaria, nos encontramos con Tiburcio, un amable zagrillero que nos indicó donde había una puerta de alambre, que se encontraba siguiendo el cercado hacia el oeste, y por ahí pudimos pasar al otro lado para continuar la ruta.

Conforme ascendemos, disfrutamos de amplias vistas del valle de Zagrilla, con las dos aldeas del mismo nombre y la población de Priego al fondo. Finalmente, llegamos al cortijo de la Hoya de Priego, donde otra cancela da acceso a la carretera sin asfaltar CV-131, que conecta Luque y Carcabuey. Aquí hay otro cartel informativo de la vía pecuaria, colocado por la Junta, donde se nos invita a recorrerla, en este caso en sentido inverso; pero, sorprendentemente, al lado hay otro cartel donde se dice lo contrario, prohibiendo el paso a toda persona ajena a la propiedad y advirtiendo del peligro que supone la presencia de ganado bravo. Sin embargo, dan un teléfono de contacto para que las personas que decidan pasar avisen antes para evitar que el ganado pueda escaparse.

José Aumente Rubio

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Pinares de los Morales

Pinar de los Morales

Priego. En el extremo norte del término sí que encontramos un pinar de suficiente extensión como para considerarlo un ecosistema diferente al olivar y bosque y matorral mediterráneo predominante en la zona, con sus especies de flora y fauna asociadas. Se trata del pinar del Puente de San Juan, también conocido como pinar de Los Molares,

pinar Morales
Uno de los muchos caminos que recorren el pinar de los Molares.

         Los bosques de pinos del municipio de Priego están constituidos fundamentalmente por pino carrasco (Pinus halepensis) y, en general, ocupan minúsculas extensiones aisladas, sin apenas entidad, repartidas por todo su territorio. Por ejemplo, encontramos pequeños rodales de pinos en la Sierra Horconera, en las cercanías del Cañuelo y Zamoranos, en las proximidades de la Casería Buenavista, Institutos de Enseñanza Secundaria, Calvario y ladera sureste de La Tiñosa.

Sin embargo, en el extremo norte del término sí que encontramos un pinar de suficiente extensión como para considerarlo un ecosistema diferente al olivar y bosque y matorral mediterráneo predominante en la zona, con sus especies de flora y fauna asociadas. Se trata del pinar del Puente de San Juan, también conocido como pinar de Los Molares, en alusión al cortijo, hoy en ruinas, que se sitúa en medio de esta masa forestal y que debe dar nombre a la finca. Se trata de un bosque de repoblación, no autóctono, con ejemplares poco desarrollados que en conjunto constituyen una masa forestal uniforme que logra asombrosamente perpetuarse en el tiempo.

El suelo poco fértil, de yesos y areniscas, parece poco apto para el desarrollo óptimo del pinar y en consecuencia la mayor parte de los ejemplares muestran un aspecto raquítico con propensión a caerse. Recientemente se ha hecho un aclareo que ha empeorado la situación, ya que ha provocado que muchos de los ejemplares aislados que se libraron de la tala quedaran desamparados ante los vientos, y han acabado desplomándose con los últimos temporales, aumentando preocupantemente la desforestación de estos montes.

En diferentes localizaciones y sobre todo en las cercanías de los cursos de agua que corren entre el pinar, como el barranco de la Cueva de la Reina y el barranco de la Jumilla, se plantaron también bosquetes de eucaliptos que hoy alcanzan un gran desarrollo. Estos pequeños arroyos estacionales de color rojizo por los elementos químicos naturales del sustrato poseen escasa vida en sus aguas, pero aumentan la diversidad de los sistemas hídricos del municipio, y hay quien asegura que los baños con estas aguas curan diversas patologías.

En todo caso, estos pinares constituyen un original ecosistema, muy poco representado en la Subbética, que da, por tanto, cobijo a especies diferentes y únicas. La alta humedad relativa de esta masa forestal ha hecho posible el desarrollo de una importante comunidad de musgos, entremezclada con algunos líquenes, que cubre lomas y cárcavas. El sotobosque es muy escaso y sólo existen algunas cistáceas, retama, esparraguera y hierba pincel. Por el contrario las herbáceas son algo más abundantes, en los lugares ausentes de musgo, destacando por su abundancia la orquídea europea gigante.

El mundo de los hongos encuentra en estos pinares un ecosistema propicio. El mayor número de boletus de todo el sur de Córdoba, y en concreto de Suillus bellinii, quizás se encuentre en este pinar. Sobre hojarasca y restos de madera crece Galerina marginata, una de las setas más tóxicas de la zona, que puede llegar a ser mortal. Por el contrario, en primavera, sobre los montones de cortezas y astillas de madera generados en las sacas de pinos, crece abundantemente la colmenilla o cagarria, considerada un excelente comestible.

Este lugar es frecuentado por algunas rapaces netamente forestales como el gavilán, azor, águila culebrera y ratonero. Entre las aves de menor tamaño se puede observar fácilmente, o escuchar el canto, del chochín, pinzón común y carbonero común; y es uno de los mejores lugares de la provincia para avistar al piquituerto. El carnívoro más abundante es, sin lugar a dudas, el zorro, al que se puede ver sin mucho esfuerzo. La gineta y el gato montés también están presentes, aunque sus hábitos estrictamente nocturnos hacen que pasen desapercibidos.

José Aumente Rubio

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El Cerrajón

El Cerrajón

Priego. Muy cerca de la aldea de Zamoramos se puede disfrutar de un paraje que ofrece un peculiar y original paisaje de cerros o crestones aislados

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cerrajon
UNA IMAGEN DE LA PRESA DEL CERRAJÓN

            La aldea de Zamoranos está enclavada en un pequeño valle, rodeado de terrenos muy accidentados hacia el oeste, y abierto en una amplia planicie hacia el este, en la zona conocida como Los Llanos, el único lugar por donde puede crecer dicha población.

El cercano valle del río Salado muestra un gran atractivo paisajístico, con los espectaculares tajos de Peña Parda y Peña Rubia, en su margen izquierda y derecha, respectivamente, cuyos nombres derivan del distinto color de la piedra que conforma estos farallones rocosos. Las aguas del río Salado fueron durante mucho tiempo motor de varios molinos instalados a lo largo de su curso.

A un kilómetro de Zamoranos, frente a Peña Parda encontramos la antigua central hidroeléctrica del mismo nombre. Más al norte se localiza el paraje del Cerrajón, donde las aguas del río Salado movían otra central hidroeléctrica, que estuvo en funcionamiento hasta hace pocos años, y hoy día acoge una almazara de aceite.

Como continuación de la calle Cerrajera parte un camino que, rodeando el cerro de las Minas por el sur, llega hasta el molino de Peñaparda. Para llegar a Peña Rubia es mejor salir de Zamoranos por la calle La Parras, que se continúa por un camino que desciende hasta el valle del Salado, pasando por bajo de esta espectacular pared rocosa.

Desde un punto de vista geológico, podríamos describirla como una escama de calizas dispuesta entre margas y yesos del Triásico, en la que los estratos han quedado en posición vertical, ofreciendo al que por allí se acerca toda su monumental belleza, con su color rojo cobrizo que brilla y resplandece en todo el valle cuando lo ilumina el sol. Muestra numerosas oquedades donde hacen sus nidos los cernícalos comunes y las grajillas.

Por este mismo camino podemos llegar hasta el molino del Cerrajón. Para ello, debemos continuar hasta el mismo cauce del río Salado y proseguir por su margen derecha, atravesando algunas pequeñas parcelas de olivos dispuestas en las pocas vegas situadas entre el río y los encrespados cerros que lo rodean. La heterogeneidad del conjunto de estos materiales propicia la formación de un paisaje muy peculiar de cerros o crestones aislados englobados en materiales margosos: arcillas de colores abigarrados o rojos, carniolas y yesos.
 

La gran mayoría de estos cerros están formados por los materiales carbonáticos del Triásico, y dan lugar a formaciones muy llamativas, como agujas rocosas a modo de chimeneas de hadas o una gran piedra horadada que forma un espectacular arco de piedra.

Para los geólogos, esta unidad carbonática recibe precisamente el nombre de Formación Zamoranos y se extiende de manera muy dispersa por gran parte de la provincia de Jaén y Córdoba, y en algunos puntos de la provincia de Granada y Málaga. Toma su localidad tipo de la aldea de Zamoranos porque en sus cercanías afloran numerosos bloques o cerros carbonáticos característicos de esta formación, que, además, formaron parte de Coto Minero Zamoranos.

El camino se aparta momentáneamente del río para ascender por la pedregosa ladera de la derecha. Abajo, el rumor del agua nos avisa de lo que al momento vamos a divisar: una presa de unos 15 metros de longitud y rostro de perfil recto con acusado talud y doble peldaño, que produce un salto de agua en torno a los 5 metros.

Esta presa, edificada en mampostería y hormigón, toma el agua del río Salado para llevarla al antiguo molino y central hidroeléctrica del Cerrajón, situada a unos 500 metros al norte, que en la actualidad se encuentra convertido en la almazara del mismo nombre. Esta presa, que fue edificada en 1953 para dotar de un mayor salto y caudal de agua a la antigua central hidroeléctrica, se encuentra muy bien conservada y sustituyó a otra más baja que existía en el mismo lugar para alimentar el caz del anterior molino harinero.

Como llegar

A partir de la presa, la vegetación cambia, y el camino se introduce en un pinar de pino carrasco, donde llaman la atención unos arbustos de atractivas flores amarillas. El camino desemboca en otro de mayor entidad que da acceso al molino del Cerrajón. Si descendemos hacia la izquierda, llegaremos al mismo tras atravesar un puente con barandillas de hierro que salva el río Salado. Dado que este río marca el límite entre los términos de Priego y Luque, en realidad el molino del Cerrajón quedaría del lado de Luque.

El inmueble correspondiente a la antigua Central Hidroeléctrica se conserva en la zona occidental de la actual almazara, en un edificio exento de planta rectangular que se encuentran en perfecto estado de conservación. Caso distinto es el del antiguo molino harinero, cuyo inmueble, también de planta rectangular pero de menores dimensiones, se halla hoy muy abandonado e integrado en la planta de la actual almazara.

En la fachada del edificio aparece pintada la fecha de 1817, posible origen remoto del inmueble. La central hidroeléctrica se instaló en 1953, fecha aproximada en que dejó de funcionar el molino harinero. Fue construida y diseñada por el ingeniero de caminos Miguel Aubet Iturbe. Con ella se edificaron las actuales presa y canal de abastecimiento de agua desde el río Salado. Desde el molino, si continuamos por el camino hacia el sur, llegaremos a la Carretera CO-7201, cerca de su unión con la A-333. Hacia el norte el camino prosigue por la margen izquierda del río Salado, que fluye rodeado por un bien conservado bosque de ribera con algunas parcelas de membrillos, hasta desembocar entre los kilómetros 2 y 3 de la misma carretera.

José Aumente Rubio

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Zamoranos

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En el extremo norte de Priego de Córdoba, a 18 kilómetros del núcleo principal, se encuentra Zamoranos, una aldea de rica historia situada junto a la carretera A-333, que va de Priego a la N-432.

Zamoranos
EL CERRO DEL CERCADO SE ENCUENTRA MUY CERCA DE LA ALDEA DE ZAMORANOS

       En el extremo norte del territorio municipal de Priego de Córdoba, a 18 kilómetros del núcleo principal, se encuentra Zamoranos, una aldea de rica historia situada junto a la carretera A-333, que va de Priego a la N-432.

Hoy tiene 409 habitantes, pero a mediados del siglo XX era un centro agrícola y minero que superaba los 1.300 habitantes, siendo entonces la aldea más grande del municipio. Unas veinte explotaciones mineras de hierro existieron en la zona, que contaba con un cargadero en el Cerrajón, desde donde el mineral se transportaba por vía férrea hasta la estación de Luque.

Actualmente, su industria más próspera se dedica la comercialización de la almendra y productos derivados, contando con un museo dedicado a ese producto; otras industrias con cierto arraigo en esta población son las almazaras, con dos cooperativas, El Cerrajón y Nuestra Señora del Carmen, que producen aceite de oliva de excelente calidad.

Ramírez y las Casas-Deza describía de esta manera la aldea a mediados del siglo XIX: «Zamoranos dista legua y cuarto de Priego y su terreno es muy fértil. Consta de 181 edificios y 738 almas. Su iglesia, dedicada a Ntra. Sra. del Carmen, está sin acabar de enlucir y su pavimento sin enladrillar y al presente (1867) se trata de llevarlo a efecto. Su altar mayor es de orden dórico, de yeso pintado y en su camarín tiene una buena imagen de vestir de Ntra. Sra. del Carmen.

Hay un gran nacimiento de agua cerca del pueblo; pero a causa de pasar por canteras de piedra de yeso tiene gusto algo desagradable: un pozo que se halla a poca distancia suple completamente esta falta».

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Afortunadamente la iglesia de Ntra. Sra. del Carmen, que se empezó a construir en 1800, hace muchos años que está enlucida y pavimentada, y en los años 1960-61 se añadieron dos naves cruzadas que ampliaron casi al doble su capacidad.
 
En la confluencia de la calle Parras y la calle Barrios Bajos encontramos la fuente de Zamoranos, un pilar de piedra de planta rectangular compuesto por dos caños, pero que actualmente solamente uno aporta caudal. En los últimos años se cambió de emplazamiento, ya que antiguamente se situaba en la plaza del pueblo; y sobre las blancas casitas unifamiliares sobresale un enhiesto chimeneón de ladrillo, que denota el rico y reciente pasado industrial de esta aldea.
 
Sobre el origen de Zamoranos no existen datos suficientemente documentados, aunque se especula con la posibilidad de que Diego Ordoñez Zamorano, alférez de la caballería procedente de Zamora que participó en la conquista de la villa de Priego en 1341, creara la aldea aprovechando la cesión de tributos que ordenó Alfonso XI para conseguir la repoblación de los alrededores de Priego. Se sabe que un descendiente suyo, Juan Zamorano, la consigue en propiedad gracias al hecho heroico de salvarle la vida en el asalto de Güejar, en 1501, a Pedro Fernández de Córdoba y Pacheco, hijo de Alfonso Fernández de Córdoba, futuro heredero del señorío de Aguilar y I Marqués de Priego.
 

En cualquier caso, el poblamiento de la zona se remonta muchos años atrás, llegando hasta el Neolítico. Sin duda alguna, la cerámica más característica de la etapa neolítica en la comarca de Priego, así como en el resto de Andalucía, es la cerámica a la almagra.

Su típico color rojo se obtiene de la mezcla de hematites (mineral de hierro) con arcilla. Y precisamente abundantes afloramientos de hematites encontramos en los contornos de Zamoranos, así que no es de extrañar que en los alrededores de esta aldea encontremos también un notable grupo de asentamientos neolíticos al aire libre, en sendas elevaciones dominantes sobre el terreno circundante, como cerro del Cercado, cerro de la Taberna y cerro Lucerico, que ponen de manifiesto que el establecimiento de las comunidades neolíticas en la comarca no se limitó a la ocupación de las cuevas.

El Cerro del Cercado

El cerro del Cercado se localiza a un kilómetro escaso al norte de Zamoranos, y podemos llegar fácilmente hasta él caminando, aunque al estar en terrenos privados sería conveniente no acceder a él sin el permiso de la propiedad.

Desde las instalaciones de la empresa Almendras Francisco Morales SA parte un camino que se dirige a la cantera de Las Pedrizas y continúa hasta el cerro del Cerrajón. Este camino también da acceso a la ermita del Calvario. A unos 800 metros, a la derecha, se dispone el cerro Cercado, un mogote de piedra caliza de 537 metros de altitud, que parece haberse librado de los hegemónicos cultivos de olivos, y donde hoy encontramos almendros y sorprendentemente una pequeña huerta de habas, regadas por un depósito colocado en la parte más alta del mismo.

Por la linde del olivar podemos intentar llegar a su cumbre. Allí nos sorprenderá encontrar restos pertenecientes a la historia mucho más reciente: cuatro grandes bloques de hormigón dispuestos en semicírculo. Acudimos al blog de Pepe Lozano Vestigios de la guerra civil en la provincia de Córdoba para interpretar lo que allí hallamos.

Aunque en principio se podría pensar que se trataría de una defensa antiaérea, el hecho de no localizar restos de trincheras ni de otras fortificaciones alrededor indica que se trataría más bien de un observatorio o puesto de vigilancia del ejército franquista. El paso del tiempo ha hecho mella sobre la roca, los grafitis van desapareciendo y se hacen cada vez más ininteligibles, pero aun así, se puede distinguir el yugo y las flechas, y la frase «Arriba España», por lo que no ofrece dudas sobre que bando fue el que construyó esta posición.

 José Aumente Rubio
 

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El Cañuelo

El Cañuelo

Priego. La existencia de este caserío se conoce desde el siglo XVIII y hoy es una tranquila aldea que cuenta con parroquia, ermita y curiosas fuentes que utilizan sus apenas 133 habitantes

el Cañuelo
Fuente de la Salud de origen romano

         Unos diez kilómetros al norte de Priego, por la carretera A- 333, se llega a la aldea de El Cañuelo, emplazada sobre terrenos triásicos dominados por margas y yesos. La existencia de este caserío se conoce, al menos, desde el siglo XVIII, si bien todavía a mediados del siglo XIX, Ramírez y las Casas-Deza la definía como cortijada dependiente de Zamoranos, población a la que acudían sus habitantes a escuchar misa y recibir los sacramentos, ya que no tenía ni parroquia ni ermita.

Por aquellos años, la aldea de El Cañuelo tenía más habitantes, ya que contaba con 60 vecinos y 216 habitantes (en la actualidad tiene sólo 133 vecinos) y, al igual que hoy, tenía alcalde pedáneo, que dependía de Priego.

En el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz encontramos más datos de cómo era la aldea en aquella época: se componía de 60 casas agrupadas en dos pisos y de unos 18 pies de altura; en las inmediaciones había algunas viñas y olivares, «estando la parte restante de su demarcación destinada a cereales», y producía trigo, cebada, garbanzos y otras semillas, ganado vacuno y lanar y alguna caza menor.

En la actualidad, El Cañuelo es una tranquila aldea y cuenta con parroquia y hasta una pequeña ermita. En la segunda mitad del siglo XX se edificó en la parte alta del pueblo la iglesia actual, la parroquia de Nuestra Señora de la Cabeza, edificio moderno de planta rectangular y de gran tamaño, que sustituyó a la antigua ermita, que fue derribada y en cuyo solar se edificó la Casa de la Cultura, que hace las veces de edificio multiusos. Destacan como base de la decoración de esta iglesia las vidrieras diseñadas por el pintor Antonio Povedano, muy vinculado la localidad, que desarrolló un espléndido programa iconográfico basado en los sacramentos. En realidad «el pintor de la luz», como se conoce a Povedano, nació en el Sabariego, una aldea de Alcaudete, pero, huérfano de padre antes de nacer, su madre se trasladó pronto al Cañuelo, donde Povedano vivió hasta que comenzó sus estudios artísticos en Córdoba y luego en Sevilla y Madrid.

Continuando por la calle Fuente, y una vez pasada la almazara, llegaremos a la Fuente Alta, de un caño y con un pilón rectangular, que vierte a otro abrevadero auxiliar. Al lado hay un pequeño lavadero al aire libre, excavado en el suelo y construido con piedras. La fuente originariamente es romana, mientras que las oquedades son posteriores.

Al final de la calle están los depósitos de agua del pueblo, y justo detrás se levanta un cerro conocido como El Pedregal, en el que crecen algunos acebuches y almendros, que se acompañan de escaso matorral de cornicabra, retama y espino negro. Merece la pena trepar hasta lo alto del mismo para contemplar la panorámica de la aldea, rodeada de colinas en cuyas cimas se levantan airosas torres medievales. Si nos fijamos en la roca madre que aflora por todo el cerro podremos ver algunos fósiles de ammonites, y también unas curiosas estructuras excavadas en la piedra a modo de piletas, que, según Fernando Leiva Briones, podrían estar relacionadas con el yacimiento del Cerro de la Mesa de Fuente Tójar, muy próximo y al otro lado de la carretera.

De regreso a la aldea, podemos dirigirnos a su extremo oeste, al Barrio Bajo, concretamente a la calle de la Cruz, donde veremos una pequeña ermita, construcción popular de planta cuadrada y tejado a tres aguas, que cobija la Santa Cruz y una imagen del Corazón de Jesús.

En las afueras de la aldea del Cañuelo, al final de la calle San Luís y al lado del arroyo del Letrado hay otra fuente, conocida como Fuente del Cañuelo Baja, construida en bloques de piedra con un caño de metal y pilón de planta rectangular. Se surte de un manantial situado a unos 20 metros más arriba, y aunque actualmente presenta poco caudal, posiblemente sea debido a la falta de mantenimiento. Al parecer, existía un lavadero bajo la fuente, de gran arraigo.

Fuente de la Salud

Tanto Ramírez y las Casas-Deza como Pascual Madoz hablan de la existencia al noroeste de la aldea de un baño antiguo de argamasa, cuyas aguas son muy útiles para la curación de las enfermedades cutáneas. Podría pensarse que ambos autores se refirieran a la Fuente de la Salud, de época romana, pero ésta se localiza más bien al suroeste y está construida con grandes sillares, en lugar de con mortero.

En concreto, la fuente de la Salud se sitúa un kilómetro bajo el pueblo, en un olivar dispuesto en una pequeña ladera junto al arroyo del Letrado. Se trata de una fuente de origen romano, cuya cronología se sitúa entre el siglo I a.C. y el II d.C., por lo que constituye un testimonio de arquitectura hispanorromana temprana de gran valor en el marco de la provincia de Córdoba. Actualmente, en la fuente sigue manando agua, tal como viene ocurriendo desde hace dos mil años.

Esta fuente permaneció enterrada hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX, cuando, al parecer, el agricultor de la propiedad, haciendo sus labores, la descubrió y desenterró. Se publicó entonces alguna información sobre el hallazgo por parte de un autor local, sin mayor trascendencia. Debido a su ubicación, su existencia era desconocida por el Servicio Municipal de Arqueología hasta que en 1994, Rafael Carmona Ávila, arqueólogo municipal de Priego de Córdoba, llevó a cabo nuevas prospecciones y se realizaron medidas de protección y restauración, catalogándose como monumento de interés arqueológico. Consiste en un estanque rectangular, a modo de pequeño aljibe, construido con sillería de gran tamaño, colocada a seco en origen, con muestras de almohadillado irregular.

José Aumente Rubio

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Torre Alta

Torre Alta

Priego. En la cota más alta del macizo de las Tres Torres se alzan los restos de esta atalaya medieval, un lugar donde siglos antes se ubicó un importante asentamiento iberorromano.

torre alta

            En la cota más alta del macizo de las Tres Torres, a unos 659 metros de altitud, se alzan los restos de la atalaya medieval de Torre Alta, en el lugar donde siglos antes se ubicó un importante asentamiento iberorromano. Esta torre se levanta sobre una meseta de planta alargada, de unos 250 metros de longitud y unos 35 metros de anchura en el extremo Suroeste, y que se va ensanchando progresivamente hasta el extremo opuesto, en el que alcanza los 60 metros. La extensión total de la meseta, que se encuentra fortificada por una línea de muralla y bastiones en casi todo su perímetro, es algo superior a los diez mil metros cuadrados.

La torre es de forma cilíndrica y conserva una altura de unos diez metros, aunque debió alcanzar algunos más, ya que presenta un claro derrumbamiento o desmoche en su parte más alta. Su diámetro es de 6,5 metros y la anchura del muro de un metro y medio. No presenta puerta de acceso, ya que el orificio abierto en la zona este parece haber sido practicado recientemente por razones desconocidas; sí podemos observar dos aberturas o ventanas originarias: una mirando hacia el norte y abierta a unos siete metros de altura, y la otra hacia el Suroeste y a unos cuatro metros del suelo, de lo que se deduce que para acceder al interior se emplearía una escalera o escala de quita y pon.

Según Arjona Castro, esta torre pertenecía a la Cora de Priego, pudiendo tratarse de la que con el nombre de Hisn Aliya (que significa precisamente fortificación alta) aparece citada en el Muqtabis de Ibn Hayyan; o bien la que como al-Alliya (que significa igualmente la alta) aparece citada en el Bayan de Ibn Idari. Al igual que las otras dos torres cercanas, Torre Alta debió de ser una de las atalayas construidas en los alrededores de Priego de Córdoba por los nazaritas entre 1332 y 1341, cuando la ciudad estuvo bajo dominio del reino de Granada.

Pero el interés arqueológico de este cerro va más allá de los restos de esta atalaya. Aquí se encontró un cuchillo de cobre con dos remaches que podemos encuadrar tipológicamente dentro de la Edad del Bronce, así como pequeñas puntas de flecha de bronce, denominadas de arponcillo o barbillón, que cronológicamente se sitúan entre los siglos VII y VI. a.C. dentro del periodo denominado Orientalizante. Es decir, el que viene marcado por el contacto entre los comerciantes fenicios y Tartesos. Aunque, sin lugar a dudas, la ocupación más importante fue en época ibera, constituyendo un gran oppida, con importantes fortificaciones.

A partir del lugar donde se alza la torre, la meseta baja en suave declive o en escalonamientos imperceptibles hacia el Noreste. Siguiendo las curvas de nivel, se pueden observar varios anillos de fortificación en todo el contorno de la meseta, excepto en las vertientes orientadas al Norte y al Noroeste, donde las pendientes caen en talud y en profundos tajos de roca natural, de 20 a 30 metros de altura, que hacen innecesaria la fortificación. Estos muros de fortificación pudieron servir de defensa a un pequeño poblado que perduró desde los tiempos íbero-romanos a los momentos árabes, ya que en sus laderas aparecen restos cerámicos de estos momentos, abundando entre ellos las cerámicas romanas (terra sigillata, tegulae, comerciales,…) y destacando las varias tumbas de incineración ibéricas dadas a conocer por investigadores como Carmona Ávila y Vaquerizo Gil en la última década del siglo XX.

Al mismo tiempo, aproximadamente en el centro de la meseta, adosadas al exterior de la fortificación de aquel sector, aparecen los restos de varias habitaciones excavadas en la roca viva. Próximos a estas habitaciones hay varios sillares de piedra caliza perfectamente labrados. También, a unos quince metros al Noreste de la torre, hay una construcción en forma de fosa, uno de cuyos extremos está perfectamente redondeado.

Grandes vistas

El Camino del Tarajal, que une la aldea del mismo nombre con la de El Cañuelo, atraviesa por un collado el macizo de las Tres Torres, desde donde se puede acceder cómodamente a Torre Alta. Se inicia este camino a un kilómetro de El Tarajal, a la derecha de la carretera que conecta dicha aldea con la carretera CO-7204 (De Fuente Alhama a El Cañuelo). El camino asciende a media ladera entre olivos hasta dicho collado, situado a 585 metros de altitud. Desde aquí, hacia el sur, trepando primero por el olivar y luego por un estrecho sendero que se serpentea entre las rocas y algunos almendros, podremos llegar hasta la misma Torre Alta.

El campo de visibilidad de esta atalaya es excepcional, ya que se encuentra en el macizo más elevado y mejor emplazado de la comarca, en una encrucijada de viejos caminos y modernas carreteras, y en el punto de confluencia de varios ríos y arroyos, como el río Zagrilla, el Salado o el arroyo de las Tres Torres.

Desde el collado hacia el norte se dispone un manchón de pinos. Si los atravesamos, y seguimos en la misma dirección, podremos llegar al lugar donde se ubicaba la Torre Media, que, como su nombre indica, es la que se encuentra a medio camino, si bien más próxima a la Torre Bajera, entre las otras dos torres del complejo.

En el paraje de Los Pradillos se encuentra un pequeño cabezo artificial formado por la acumulación de cascotes y fragmentos de piedra caliza de diversos tamaños, sobre el que crece una raquítica y escasa vegetación que rompe con la arbustiva de su entorno. Si seguimos el camino de El Tarajal descendiendo por la otra ladera llegaremos a El Cañuelo, accediendo a dicha aldea por la Fuente Baja y calle de San Luís.

José Aumente Rubio

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El poleo y las Higueras

EL Poleo y las Higueras

En la ladera oriental de la Sierra de los Judíos se asientan dos aldeas en las que se respira paz y tranquilidad, pobladas por apenas treinta personas y que destacan por las excelentes vistas que ofrecen

Higueras

             En la ladera oriental de la Sierra de Los Judíos, dando al valle del río Caicena, se encuentran dos pequeñas aldeas de Priego que destacan por sus excelentes vistas a las lomas plenas de olivos que se adentran en la provincia de Jaén: El Poleo y Las Higueras. Ambas se sitúan al lado de la carretera A-3225, que conecta las localidades de Almedinilla y Fuente Tójar, pero si queremos llegar desde Priego de Córdoba lo podemos hacer por la carretera CO-8208, pasando previamente por la aldea de La Concepción.

En esta última carretera, que bordea por el sur la Sierra de los Judíos, encontramos una pequeña capillita, la Cruz de Ricardo, una de las muchas construcciones religiosas de carácter popular que se reparten por el territorio prieguense. Son estas cruces de los campos y las aldeas, a falta de iglesia o ermita mayor, los lugares donde la gente que vivía alrededor llevaba a cabo sus prácticas religiosas. La Cruz de Ricardo se sitúa al lado izquierdo de la carretera viniendo desde la aldea de La Concepción, una vez pasado el kilómetro 4, frente a una nave y al lado de un antiguo cartel del IFAPA. Esta pequeña capilla, hecha de mampostería enfoscada y cerrada al exterior por una sencilla puerta de madera, se sitúa sobre unas rocas y bajo una encina. Su fecha de construcción se sitúa alrededor de 1910.

Poco después de atravesar la vía pecuaria colada de Almedinilla a Castil de Campos por Jaboneros, la carretera desemboca en la A-3225, que conecta Almedinilla y Fuente Tójar, y en dirección a este último pueblo, en menos de un kilómetro, y a la izquierda, se sitúa la aldea de El Poleo, donde hay censadas tan sólo 26 personas. Se accede por una empinada rampa protegida de barandillas que en un momento nos sitúa en el centro de la aldea, donde está el edificio multiusos, que también se utiliza como capilla. En ella tiene su hermandad el Sagrado Corazón de Jesús, que celebra fiestas el 22 de julio. El día que la visité era un día lluvioso y desapacible y la aldea parecía desierta. 
 
Me encontré a una pareja que, por la indumentaria –él llevaba un extraño gorro a cuadros- parecían extranjeros, y rápidamente se interesaron por mi presencia allí. Quien me atendió fue Peter Thomas, alcalde pedáneo de la aldea. No es de extrañar que sea un británico el que ocupe dicho puesto, ya que en los primeros años de este siglo comenzaron a llegar a la aldea los primeros extranjeros, que fueron seguidos por otros, llegando a constituir una proporción notable de la población de la misma. 
 
Siguiendo las indicaciones de Peter, me dirijo al mirador del Tajo, un balcón protegido con una barandilla de hierro y un banco del mismo material. Me deleito con las vistas, una inmensa extensión de olivares en la que blanquean algunas aldeas. Recomiendo visitar la página www.elpoleo.es. En este sitio web se pueden encontrar los textos (en versión bilingüe) de una serie de entrevistas con los vecinos de la aldea de El Poleo, tanto españoles como ingleses, grabadas entre 2013 y 2015. Leo también que el origen de la aldea puede estar en las últimas décadas del siglo diecinueve y la primera parte del siglo veinte, y que al principio consistía en una serie de casas dispersas situadas alrededor del lugar que en la actualidad ocupa la iglesia, aunque en un mapa de 1871 no aparece ninguna aldea que corresponda a dicha denominación, sino un cortijo que lleva el nombre de Cortijo de la Fuente del Poleo.
 

No debemos abandonar El Poleo sin visitar la fuente y el lavadero público, situados bajo el montículo rocoso calcáreo encima del cual se emplaza la pequeña aldea. Se accede por un camino con barandilla de hierro que se inicia al otro lado de la carretera. Según leo en una placa situada en la plaza del pueblo, fue Don Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la Segunda República Española y vecino de Priego, quien costeó en 1934 la construcción del lavadero así como diversas reparaciones en el abrevadero.

La fuente-abrevadero está compuesta por un pilón de planta rectangular construida en piedra y hormigón, blanqueada y con dos caños; protegida por un muro de piedras que sujeta el terraplén de la carretera. Contiguo al mismo, hay un lavadero protegido por un pequeño edificio de una sola estancia rectangular y cubierta a dos aguas, al que se accede por un vano sin puerta situado en la fachada. El lavadero está formado por un pilón rectangular, aunque partido en su mitad por un tabique. Los bordes del pilón son de cemento y están inclinados en ángulo hacia el interior y estriados para permitir un mejor frotamiento de la ropa. También hay bancos y una estación de bombeo que abastece de agua a las aldeas del Poleo y Las Higueras.

Pueblos blancos y olivos

Por la misma carretera A-3225, y a un kilómetro escaso de El Poleo, se llega a la aldea de Las Higueras, donde viven 34 personas. En documentos del siglo XIX se nombra este núcleo como las Higueras de Maniebla, lugar éste último -Maniebla- que contaba en 1777 con 27 vecinos. Al igual que El Poleo en esta pequeña y blanca aldea se respira paz y tranquilidad; y se disfruta de similares vistas desde la carretera que atraviesa la población, con los mismos pueblos que tachonan de blanco las mismas lomas cuadriculadas de olivos que descienden suavemente hacia el cauce del río Caicena. 

En la plaza del pueblo encontramos un pequeño edificio de planta hexagonal y tejado a seis aguas que muestra, sujeto a la fachada, un poste de hierro con campana. Se trata de la ermita de la Cruz, construida, en el lugar donde había una ermita anterior, en cumplimiento de la promesa que realizó una vecina, doña Rosalía Muñoz Serrano, por haber librado a la aldea de una epidemia en el siglo XIX. Asomándome por la ventanita de uno de los batientes de la puerta de madera, distingo, con una luz mortecina, que junto a la cruz están las imágenes de la Inmaculada y San Juan, que de las paredes cuelgan cuadros y posee cúpula decorada con interesantes molduras. Las fiesta de la Hermandad de la Santa Cruz celebra su fiesta el 27 de mayo.

José Aumente Rubio

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Las 3 torres

Las 3 torres

El macizo de las Tres Torres se levanta entre las aldeas de El Tarajal y El Cañuelo. Recibe dicha denominación por las tres atalayas medievales que se levantan a lo largo de su cresta: Torre Alta, Torre Media o de los Pradillos (ya desaparecida) y Torre Bajera

las 3 torres

              Se trata de un macizo formado a base de dolomías triásicas y calizas jurásicas con margas y margocalizas, plegado en cabalgamiento y formando una unidad orogénica. Tiene forma alargada y se orienta de Noreste a Suroeste, elevándose gradualmente en sentido Noreste (donde se encuentra la Torre Bajera)-Suroeste (con la Torre Alta, que se levanta en el punto más alto del macizo, a 656 metros).

Este macizo de las Tres Torres aparece bordeado en su zona Suroeste por el curso del río Salado, que se ve hermoseado por la frondosa vega de feraces huertas y ricos campos de árboles frutales, así como por el viejo camino de penetración de estas quebradas tierras hacia los alomados campos de la campiña cordobesa, continuamente vigilado y custodiado por una serie de torres medievales y yacimientos arqueológicos, tales como el Cerro de la Cruz y La Llaná de Almedinilla, las Torres del Esparragal, las Tres Torres, las Cabezuelas del Camino del Tarajal, las torres de Barcas, Fuente Alhama y Morchón, para después vadear el Salado y salir a los campos de Luque tras franquear las fortificaciones de El Salobrar y Almanzora.

Las tres torres forman parte de las atalayas construidas en los alrededores de Priego de Córdoba por los nazaritas entre 1332 y 1341, cuando la ciudad estuvo bajo dominio del reino de Granada antes de la definitiva conquista cristiana en la última fecha indicada. Sus características son las propias de estas torres: cilíndricas, construidas con mampostería, con la parte inferior maciza y habitáculo a mediana altura, al que se accedía desde el exterior con la ayuda de una escala o similar. Desde este habitáculo se pasa a la plataforma de señales, donde se transmitían mensajes simples de aviso con la ayuda del fuego o del humo. Según Arjona, formaría parte del núcleo central de fortificaciones donde residían los morabitos que custodiaban la frontera granadina en conexión visual con el castillo de Medina Baguh (Priego).

En una de la curvas de la carretera CO-7204, de El Cañuelo a Fuente Alhama, en el tramo de descenso desde la primera aldea hasta el valle del río Salado, se ha instalado un magnífico mirador desde donde contemplar una panorámica del macizo y sus torres. El Ayuntamiento de Priego de Córdoba y el Museo Histórico Local, con la colaboración de la Diputación de Córdoba, han colocado unos paneles explicativos que nos ayudan a identificar las atalayas que desde allí se divisan.

Vamos a dirigirnos hoy a la torre Bajera, y dejaremos para el próximo capítulo la Torre Alta, que muestra un mayor interés arqueológico. La Bajera es la torre más septentrional del complejo de las Tres Torres, situada, como su propio nombre indica, en la cota menos elevada (520 metros) del macizo donde se asientan dichas fortificaciones. Está construida sobre un declive de crestones margoyesosos del Trías, asentado y recalzado en las zonas más bajas por dos estribos en semicírculo que sobresalen, el primero del perfil de la torre en unos 40 centímetros, y el segundo del primero en unos 20 centímetros, presentando una altura, el uno del otro, de un metro aproximadamente. Su forma es cilíndrica, alcanzando una altura de unos 10 metros, aunque debió tener algún metro más, ya que se encuentra derruida en una zona alta. El aparejo está construido a base de bloques de piedra, por lo general muy irregulares, colocados aprovechando sus formas. También se observan unas verdugadas de ladrillos o de lajas de piedra y el diámetro de la torre es de unos 4,5 metros, apareciendo revestida en casi toda su superficie de la mitad baja y algunas zonas altas por una argamasa de cierta consistencia.

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El Pirulejo En Priego, a escasos metros del río Salado, se localiza un yacimiento prehistórico que está considerado como uno de los más importantes del Paleolítico superior de Andalucía       A las afueras de la localidad de Priego, en las inmediaciones de la carretera A-339, al pie de la formación travertínica del Adarve … Leer más

Vado de Priego

Vado de Priego

Restos de un nido de ametralladora de la guerra civil en el cerro de la taberna

vado de Priego

  2 de febrero de 2018

            El límite entre los términos de Priego de Córdoba y Fuente Tójar, al norte de éste último, lo marca una vía pecuaria denominada colada del Cañuelo y Vado de Priego, en el río Caicena, denominación que induce a error, toda vez que el vado de Priego está en el río San Juan y no en su afluente, el río Caicena, que le entregó sus aguas cinco kilómetros antes de llegar al mencionado vado.

Esta vía pecuaria es hoy un camino terrizo que se adentra entre las lomas cubiertas de olivos en dirección a la población jiennense de Alcaudete, y debió constituir una importante vía de comunicación entre las dos provincias, como podremos comprobar por los vestigios de distintas épocas que jalonan su recorrido.

Proponemos recorrer el tramo situado entre la aldea de El Cañuelo y el vado de Priego, en el límite provincial, de unos siete kilómetros. Desde El Cañuelo, debemos tomar el camino por el que se continúa a la calle Priego, que atraviesa dicha aldea de sur a norte. Poco después pasaremos por un túnel bajo la nueva variante de la carretera A-333, que circunvala El Cañuelo por el este, y continuamos rodeando el cerro de la Mesa de Fuente Tójar por el oeste.

El camino, que aparece delimitado por muros de piedra en algunos tramos, atraviesa posteriormente la carretera A-3225, que conduce a Fuente Tójar, y avanza algo desdibujado por los Llanos de Zamoranos.

En la base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía, aparece un yacimiento clasificado bajo la tipología asentamientos de Edad del Hierro II-Iberos y época romana, con la denominación Llanos de Zamoranos, donde se dice que hay noticias sobre la destrucción de un pavimento de opus spicatum, y se encuentran abundantes fragmentos de cerámica común, terra sigillata y tegulae, así como de cerámica campaniense.

Al llegar al cortijo de El Llano se atraviesa la colada del Camino Real de Granada, que viene de Campo Nubes en dirección a La Rábita. En el ángulo formado por ambas vías pecuarias se localiza el cerro de la Taberna, donde se han encontrado abundante representación de la cultura material neolítica, aunque lo que más llama la atención son los vestigios de la guerra civil que allí se encuentran, y de los que hablaremos más adelante.

Al llegar al cortijo del Piojo se incorpora por la derecha una vía pecuaria que viene desde fuente Tójar. Se denomina colada del camino del Postillo, y está asfaltada en todo su recorrido. Después de pasar por el descansadero de las Suertes del Rey, el camino se bifurca. El ramal de la izquierda conduce al cortijo El Romeral y por el de la derecha llegaremos al vado de Priego, final de nuestro recorrido, donde encontraremos uno de los paisajes más espectaculares de Priego de Córdoba.

El camino desciende hasta el profundo valle excavado por el río San Juan. La margen izquierda forma una ancha vega formada por los depósitos aluviales del río, donde se han sembrado hileras de olivos. Por detrás del cordón pardo de tarajes, cañas y álamos, se levanta, en la otra margen, una impresionante pared de margas yesíferas que muestran un atractivo colorido pardo rojizo y numerosas grietas y oquedades.

En un suave montículo que cae con una fuerte pendiente sobre el curso fluvial del río San Juan, situación que le confiere el dominio y control del paso natural que constituye el Vado de Priego, se ubica un importante yacimiento denominado Los Difuntos, cuya ocupación abarca un período bastante amplio que va desde, al menos, el Período Calcolítico, pasando por el Horizonte Tartésico o Período Orientalizante y concluyendo en el Ibérico Antiguo, convirtiéndose en un punto estratégico, en conexión visual con otros yacimientos contemporáneos.

La importancia estratégica de este vado se reafirma en épocas posteriores y en una loma situada a 529 metros, al otro lado del río, ya en la provincia de Jaén, se distinguen los restos de una atalaya de época nazarí.

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