Vado de Priego

Vado de Priego

Restos de un nido de ametralladora de la guerra civil en el cerro de la taberna

vado de Priego

  2 de febrero de 2018

            El límite entre los términos de Priego de Córdoba y Fuente Tójar, al norte de éste último, lo marca una vía pecuaria denominada colada del Cañuelo y Vado de Priego, en el río Caicena, denominación que induce a error, toda vez que el vado de Priego está en el río San Juan y no en su afluente, el río Caicena, que le entregó sus aguas cinco kilómetros antes de llegar al mencionado vado.

Esta vía pecuaria es hoy un camino terrizo que se adentra entre las lomas cubiertas de olivos en dirección a la población jiennense de Alcaudete, y debió constituir una importante vía de comunicación entre las dos provincias, como podremos comprobar por los vestigios de distintas épocas que jalonan su recorrido.

Proponemos recorrer el tramo situado entre la aldea de El Cañuelo y el vado de Priego, en el límite provincial, de unos siete kilómetros. Desde El Cañuelo, debemos tomar el camino por el que se continúa a la calle Priego, que atraviesa dicha aldea de sur a norte. Poco después pasaremos por un túnel bajo la nueva variante de la carretera A-333, que circunvala El Cañuelo por el este, y continuamos rodeando el cerro de la Mesa de Fuente Tójar por el oeste.

El camino, que aparece delimitado por muros de piedra en algunos tramos, atraviesa posteriormente la carretera A-3225, que conduce a Fuente Tójar, y avanza algo desdibujado por los Llanos de Zamoranos.

En la base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía, aparece un yacimiento clasificado bajo la tipología asentamientos de Edad del Hierro II-Iberos y época romana, con la denominación Llanos de Zamoranos, donde se dice que hay noticias sobre la destrucción de un pavimento de opus spicatum, y se encuentran abundantes fragmentos de cerámica común, terra sigillata y tegulae, así como de cerámica campaniense.

Al llegar al cortijo de El Llano se atraviesa la colada del Camino Real de Granada, que viene de Campo Nubes en dirección a La Rábita. En el ángulo formado por ambas vías pecuarias se localiza el cerro de la Taberna, donde se han encontrado abundante representación de la cultura material neolítica, aunque lo que más llama la atención son los vestigios de la guerra civil que allí se encuentran, y de los que hablaremos más adelante.

Al llegar al cortijo del Piojo se incorpora por la derecha una vía pecuaria que viene desde fuente Tójar. Se denomina colada del camino del Postillo, y está asfaltada en todo su recorrido. Después de pasar por el descansadero de las Suertes del Rey, el camino se bifurca. El ramal de la izquierda conduce al cortijo El Romeral y por el de la derecha llegaremos al vado de Priego, final de nuestro recorrido, donde encontraremos uno de los paisajes más espectaculares de Priego de Córdoba.

El camino desciende hasta el profundo valle excavado por el río San Juan. La margen izquierda forma una ancha vega formada por los depósitos aluviales del río, donde se han sembrado hileras de olivos. Por detrás del cordón pardo de tarajes, cañas y álamos, se levanta, en la otra margen, una impresionante pared de margas yesíferas que muestran un atractivo colorido pardo rojizo y numerosas grietas y oquedades.

En un suave montículo que cae con una fuerte pendiente sobre el curso fluvial del río San Juan, situación que le confiere el dominio y control del paso natural que constituye el Vado de Priego, se ubica un importante yacimiento denominado Los Difuntos, cuya ocupación abarca un período bastante amplio que va desde, al menos, el Período Calcolítico, pasando por el Horizonte Tartésico o Período Orientalizante y concluyendo en el Ibérico Antiguo, convirtiéndose en un punto estratégico, en conexión visual con otros yacimientos contemporáneos.

La importancia estratégica de este vado se reafirma en épocas posteriores y en una loma situada a 529 metros, al otro lado del río, ya en la provincia de Jaén, se distinguen los restos de una atalaya de época nazarí.

José Aumente Rubio

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Ermita de Cabra

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        Aprovechando las nevadas que caían estos días sobre nuestra Subbética, emprendimos otro ascenso mas al Picacho de Cabra (1221 m.), para visitar a nuestra Patrona y de paso regodearnos en tan inmaculado paisaje, digno de fotografiar en multitud de ocasiones como acá hicimos.

Lástima que la intensa niebla no nos dejara ver mas allá de 30 metros, aún así la belleza invernal, el intenso frío reinante, la siempre exigente ruta y la grata compaña nos hizo disfrutar de una jornada dominguera a inmortalizar.

Manolo, MiguelA, Juli y el que suscribe.

7 de enero de 2018

José A espejo

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Tiñosa

Tiñosa en Nochevieja

2017

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                Como viene siendo habitual cada final de año, un nutrido grupo de caminantes emprendimos la subida al techo de Córdoba, Tiñosa 1570 m., para despedir este 2017, que queda mas para olvidar que para recordar, gracias al “buen hacer” de nuestros políticos, sobre todo los Sociolistos andaluces, que con su gran formación y sentido de la ética nos han servido.

Eso no impidió que 19 aguerridos caminantes de los Clubes Egatrekking y Cabra Running de Cabra, hiciéramos esta ruta siguiendo el trazado del Trail Tiñosa, que se celebra cada año y que comenzó en la Fuente del Rey de Priego para a través de algunos kilómetros de olivar y bordeando la Torre Atalaya de la Pata de Mahoma, ascender por la cara norte de esta cumbre.

Cruzamos el Veredón de la Almazara hacia el Camino de las Lomas e iniciamos el ascenso por esta nueva ruta para los Egatrekking, entre un hermoso y exigente pseudobosque de encinas, aulagas, matagallos, azafrán silvestre, etc.

Repusimos fuerzas en el valle de Navasequillo y a partir de aquí empezó el interminable ascenso hasta el Geodésico de este alto. Nieblas, frio y en la cumbre una enorme ventisca, no impidió que brindáramos por el nuevo año, con el champan y candonga que los Migueles se encargaron de portear.

Vuelta a Priego circundando la Cueva del Morrión y el barranco de las Lanchas hasta puerto Mahina (1164 m.), de aquí tomamos dirección norte de nuevo hasta llegar al cortijo Las Chozas de Toledo y finalmente seguir hasta Priego.

Mención especial para la única fémina, Carmen, que nos acompañó debutando en esta cumbre y que a pesar del frío y el vértigo que sufrió, consiguió superar con un par de ………

31 de diciembre de 2017
José A espejo

2016

Lunes 26 de diciembre del año de nuestro Señor de 2016

Como viene siendo habitual para despedir el año, este domingo emprendimos el ascenso a la Tiñosa (techo de Córdoba), un nutrido grupo de senderistas, incluida parte de la descendencia que se animaron a coronar con nosotros esta dura ruta de las Subbéticas Cordobesas.

Fuimos Miguel Priego, Miguel Ángel, Miguel, Javi, Maria José, Pepe, Alba Maria, Adrián, Juli, Antonio y el que suscribe.

Digo dura por que “arremetimos”, por la cara NO, que quizás sea la subida con mayor desnivel de esta majestuosa cumbre.

Dejamos los coches a la vera del cortijo las Chozas de Toledo y tomamos el carril que sale a la izquierda para meternos de lleno “en faena”, a través de la Cañada de los Pozos de la Nieve, pasando por un antiguo nevero que servia de suministro de hielo a los oriundos cuando no existían los frigoríficos.

Continuamos el ascenso entre enormes canchales, producto de la enorme “Meteorizacion” y paralelos al canalizo del Morrión, en un empinado caminar, donde en ocasiones era necesario echar las manos, debido a lo agreste y pendiente del terreno. Después de 45 min. aprox. llegamos a las enormes lanchas de piedra, por suerte no estaban heladas, que nos asomaron bruscamente a la cara sur de la cumbre, deleitándonos con unas vistas preciosas a la mayor parte de la orografía andaluza.

Seguimos el sendero que crestea este alto hasta llegar al geodésico, donde los más nuev@s en estos menesteres, añoraban llegar con premura.

Fotos de rigor y bocata con chorrito de Moriles de la bota de Miguel, tan típico en esta provincia, mas, aceitunas “cascadas”, de la cosecha del año y alabanzas a nuestras niñas que ascendieron como unas autenticas campeonas.

Vuelta atrás, esta vez por el celebre sendero que discurre por la cara oeste de este pico y que nos permitió gozar de unas imponentes vistas a otra de las mas concurridas rutas de ascenso a este coloso, la que parte de las lagunillas. Divisamos las ruinas del cortijo de Cañatienda, cortijo Alto de Torres y el gran circo glacial de nuestra vecina sierra de Alhucemas, Loma de las Chozas, Peñón del Grajo……. y también visitamos la popular Cueva del Morrión, covacha que sirve de abrigo al ganado durante las ventiscas y “cabreos de la madre naturaleza”, lugar que es recomendable visitar rápido por ser un nido de chinches y garrapatas producto de la gran cantidad de excrementos del ganado, para finalmente llegar a Puerto Mahina y a los coches.

Hermoso día de senderismo en inigualable compaña, acompañado de un día esplendido.

José Antonio Espejo

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Cañada Blanca

Cañada Blanca

A la cueva de los Mármoles, en Priego, se puede llegar por un camino que parte desde Castil de Campos y facilita el acceso a dos enclaves interesantes: el peñón del Águila y la sima de los Macarrones

cañada blanca

           Hasta la cueva de los Mármoles se puede llegar también por un camino que parte desde Castil de Campos y facilita además el acceso a dos enclaves interesantes: el peñón del Águila y la sima de los Macarrones. Este camino, conocido como de Cañada Blanca, atraviesa de norte a sur la sierra de los Judíos, complejo Kárstico de calizas mesozoicas formado por una meseta de 800 a 900 metros de altura que desciende suavemente al norte hacia Castil de Campos y que se corta por un abrupto talud rocoso hacia el valle que la separa de la gran masa cretácica de redondeados perfiles llamada Sierra de Albayate.

El camino se inicia en el extremo occidental de Castil de Campos, concretamente desde la calle Mirador; y deja a la izquierda, y rodea, un talud calizo que muestra una bella erosión alveolar, dando lugar a unos pequeños abrigos rocosos, utilizados como rediles. El camino asciende luego hasta un collado situado a unos 800 metros de altitud, donde se incorpora por la izquierda el camino que viene desde el mirador del cerro del Serval y la ermita del Rosario. A pocos metros, hace lo propio, esta vez por la derecha, un camino que se inicia en la carretera CO-8206. Desciende luego suavemente hasta un valle donde encontramos un nuevo cruce. Puede servir de referencia un curioso pozo con una techumbre cónica y cuya abertura lateral se cierra con una rústica puertecilla de madera.

Debemos proseguir por el camino que continúa hacia el sur, y asciende por una vaguada cubierta de olivos que, a cierta altura, en los cerros que la rodean a uno y otro lado, son sustituidos por encinas y espeso matorral. Próximos al arroyo se pueden ver algunos membrillos, vestigios de antiguas huertas ya desaparecidas. Gran parte de la sierra de los Judíos está ocupada por litosuelos calizos, donde se desarrollan los típicos fenómenos Kársticos de la Subbética Cordobesa, totalmente inútiles para la agricultura y ocupados por una vegetación de monte bajo con algunas manchas de encinar.

A nuestra izquierda se extiende una alargada loma, conocida como peñón del Águila, que presenta por su lado norte un abrupto espolón rocoso que la hace inaccesible, pero que se muestra más asequible si lo acometemos desde un collado situado al sur, para luego retroceder por la cresta hasta su cumbre, de 906 metros. Debemos ascender por el olivar hasta el límite del mismo para continuar por una veredilla que se abre paso entre el matorral, compuesto de chaparros, acebuches, coscojas, cornicabras, matagallos, jaras blancas, aulagas, espinos negros, tomillos y esparragueras. Abunda la ruda y el gamón, se ven rastros de jabalí e identificamos también excrementos de zorro y garduña.

La panorámica desde la cumbre es extraordinaria, con vistas a los castillos de Alcaudete y de la Mota, en Alcalá la Real; y esta estratégica ubicación no pasó desapercibida a nuestros más remotos antepasados. Entre el matorral y las atochas o cepellones de esparto, se adivinan unos grandes bloques de piedra que delimitan un perímetro rectangular. Seguramente se trate de un recinto fortificado, elemento muy significativo de la cultura ibérica, que estaría en consonancia con el carácter de frontera que tiene la comarca de Priego durante ese periodo.

Se trataría, por tanto, de una de las célebres torres de Aníbal, que citan las distintos autores latinos, como Tito Livio o Plinio. Independientemente de su mayor o menor antigüedad, actualmente parece quedar claro que, aunque su origen está en influencias púnicas, son levantadas por las comunidades íberas con un claro sentido de control y defensa territorial, seguramente en relación con los grandes oppida o poblados. Se alzaban sobre puntos elevados y estratégicos para controlar las vías de comunicación, y debían estar enlazadas visualmente unas con otras para transmitir los mensajes de forma rápida y eficaz.

Interesante cavidad

En la loma cubierta de monte bajo situada enfrente, hacia el oeste y al otro lado del camino de Cañada Blanca, se ubica una interesante cavidad, la sima de los Macarrones. La boca de la misma, de difícil localización, se encuentra a unos 915 metros de altitud, un poco antes de coronar dicha elevación. Esta sima se descubrió a principios de los años 70 gracias a la información recibida de un pastor, quien acompañó y enseñó la única boca de acceso que presenta. Su desarrollo vertical es de -35 metros y posee una extraordinaria belleza en base a la gran cantidad de espeleotemas, con formaciones de excéntricas, gours, coladas, columnas, banderolas, estalagmitas y estalactitas tubulares que asemejan macarrones, y que le dan su nombre a la cavidad.

Se trata de una diaclasa que se abre a nivel del suelo, presentando una pequeña boca de entrada de 40 centímetros de anchura, desde donde se accede a una menuda repisa fuertemente concrecionada. En este punto se hace la instalación para el descenso de los sucesivos tramos de pozo, que configuran el desarrollo vertical de esta sima. Situados en la base de este pozo, se continúa en sentido descendente por un pequeño caos de bloques. Una vez destrepado éste, se llega al punto más bajo de la sima. Volviendo a la base del pozo, tras trepar unos metros, se abre una galería en dirección sur-sudeste, y tras continuar por la misma nos conduce a la Sala de los Macarrones, que da nombre a esta cavidad. Partiendo de aquí la cueva continúa en dos direcciones: una hacia el sur, que nos conduce a la sala de la Virgen, mientras que la otra conduce a la Sala de la Columna y, finalmente, a la Sala de los Solitarios, donde termina la cavidad.

José Aumente Rubio

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Castil de Campos

Castil de Campos, Priego

Situada al norte de la sierra de los Judíos, esta aldea de remoto origen tiene un fuerte carácter rural marcado por la presencia del cultivo del olivo y sus huertos intercalados entre las casas.

        Castil de Campos, de unos 700 habitantes, era, hasta el 2001, una aldea del municipio de Priego de Córdoba. Está situada al norte de la sierra de los Judíos, a unos diez kilómetros al noreste de Priego y a dos kilómetros al sur de Fuente Tójar. El trazado del pueblo es irregular, debido a que la génesis urbana en las aldeas surge un tanto anárquicamente, aunque no por falta de planificación urbanística sino por la propia configuración del terreno y la necesidad de instalaciones agrícolas. De hecho, entre las casas se intercalan huertos familiares, lo que hace que se acentúe su carácter rural, que ya viene fuertemente marcado por la presencia del cultivo del olivo.

Su origen es muy remoto y en su solar se ha encontrado material cerámico de época romana: escasos y dispersos fragmentos de cerámica común, terra sigillata, tegulae y laterculi y monedas, que también han aparecido en el cementerio de la localidad y que demuestran la existencia de un asentamiento de época romana. Se sabe, gracias a la investigación arqueológica, que Castil de Campos también fue una alquería o aldea de Priego en la etapa islámica (siglos X-XIII) y, probablemente, por aquella época se debió construir una atalaya o torre almenara en la sierra que se levanta al sur de esta población y que aún mantiene el topónimo de Torre del Serval; y bien pudiera ser que el nombre de la calle Torre de dicha población tenga su origen a que conducía hacia ese monte, lugar donde es más probable que se emplazara la torre, pues ya en el siglo XIX Pascual Madoz recoge el topónimo refiriéndose al emplazamiento de Castil de Campos «al norte de la Sierra Torre Salvar».

Esta torre pudo ser una de las construidas en los alrededores de Priego de Córdoba por los nazaritas entre 1332 y 1341, cuando la ciudad estuvo bajo dominio del reino de Granada antes de la definitiva conquista cristiana en la última fecha indicada. En la misma aldea de Castil de Campos aparecieron hace unos años restos de una cimentación con forma redonda, que debieron corresponder a otra torre atalaya cilíndrica de mampostería que debió tener alrededor de cuatro metros de diámetro. Actualmente está soterrada y casi destruida en el interior de un patio de un inmueble particular, precisamente de la calle La Torre.

Por tanto, se pueden rastrear los orígenes del pueblo hasta la segunda mitad del siglo XIV, época de la repoblación de estas tierras por colonos castellano-leoneses después de su conquista a los musulmanes. Sin embargo, la primera vertebración institucional de Castil de Campos como pueblo se debe relacionar con el establecimiento de una iglesia con culto y dependencias propias en los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX, y de las instituciones que en torno a ella se fueron creando.

A mediados del siglo XIX Ramírez y las Casas Deza describía la aldea de la siguiente manera: «Castil de Campos está situado en una ladera al norte de Priego del que dista una legua. Consta de 130 casas que no forman calle, 179 edificios, unos 200 vecinos y 803 habitantes, 704 dentro de la aldea y 99 en el ruedo. Su parroquia fue erigida en 1818 y está dedicada a Nuestra señora del Rosario, y es pequeña y de mezquina construcción. Hasta 1835 estuvo servida por un cura teniente del abad de Alcalá, que pasó a serlo del párroco de Priego. Tiene dos fuentes dentro de la población y una en su territorio todo de buen agua. Tiene escuela de primeras letras dotada con 2500 reales. Los habitantes se dedican a la arriería”

Encontrándose ya muy deteriorada, la vieja y humilde ermita originaria fue reconstruida y adquirió su estructura actual en el año 1954. Sobre la parte más elevada de la inclinada plaza del Rosario se impone hoy la fachada alta y blanca de la iglesia, coronada por un airoso y sencillo campanil de tres cuerpos con reloj. Esta iglesia presta asistencia religiosa a otros núcleos de población cercanos .

Hacia el mirador

Desde la Plaza del Rosario y subiendo por la calle La Fuente, se accede a la Fuente de los Chirimeros. Se trata de una fuente de dos caños de metal con un pilón de base rectangular construida de bloques de roca, en cuyo interior aparecen unos posa-cántaros para cada caño. Esta fuente da acceso al barrio del mismo nombre. Sus empinadas cuestas, sus primorosos rincones y sus casas típicas hacen que el visitante evoque otros lugares y vivencias del pasado.

En el extremo sur del barrio de los Chirimelos, la calle Mirador se continúa por un estrecho y empinado camino, en principio cementado y luego de tierra, que se adentra entre olivos y almendros, aunque al momento comienza a rodearse de chaparros y retamas. El camino finaliza en la ermita de la Virgen del Rosario, que cuenta con un espléndido mirador sobre el pueblo y donde, desde el año 1.996, cada segundo domingo de junio, se viene celebrando la Romería de la Divina Pastora, acontecimiento que reúne a multitud de campeños en un día de convivencia. Un poco más arriba, por un camino festoneado de cipreses y algunos pinos, se llega al cerro de la Torre Serval, de la que sólo se conserva el topónimo y que debió situarse en las inmediaciones del mirador de Castil de Campos. Desde este mirador, construido en 1992 por iniciativa de Paco Córdoba y de las mujeres del centro de Educación de Adultos de Castil de Campos se pueden contemplar la fortaleza de la Mota de Alcalá la Real, Alcaudete y su castillo, parte de la depresión Priego- Alcaudete, Fuente Tójar y El Cañuelo. Para regresar al pueblo se puede dar un pequeño rodeo, dirigiéndonos primero hacia el suroeste, hasta dar con el camino de Cañada Blanca.

JOSÉ AUMENTE RUBIO

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Colada de Priego

Colada de Priego

Existe un viejo camino que comunica directamente Priego de Córdoba con Castil de Campos, la colada de Priego a Castil de Campos, a la que corresponde una anchura de cinco metros.

Restos de la torre de las Cabras, que puede verse en este recorrido

   Existe una vía pecuaria que atraviesa el flanco occidental de la sierra de los Judíos que permite conocer algunos parajes interesantes desde el punto de vista arqueológico y natural.

Existe un viejo camino que comunica directamente Priego de Córdoba con Castil de Campos, sin tener que dar el rodeo impuesto por el trazado de las carreteras. En realidad se trata de una vía pecuaria, la colada de Priego a Castil de Campos, a la que corresponde una anchura de cinco metros y cuya longitud se calcula en unos siete kilómetros dentro del término municipal de Priego de Córdoba, en dirección de Suroeste a Noreste. Este camino atraviesa el flanco occidental de la sierra de los Judíos y nos permitirá conocer algunos parajes interesantes desde el punto de vista arqueológico y natural.

El camino sale de la aldea de Castil de Campos por su parte occidental, desde la esquina del campo de fútbol, y al momento se rodea de olivos que nos acompañarán durante un buen tramo. En un talud próximo a un cruce de caminos veremos una capillita de ladrillo que encierra una hornacina con flores y está rematada con una cruz de hierro.

A unos 200 metros, enlazaremos con la carretera CO-8206, por la que continuamos un corto trayecto, hacia el sur, hasta que gire a la izquierda de manera brusca. Justo en la curva, sale un camino por donde continúa la vía pecuaria, que, al momento, nos llevará hasta el abrevadero de ganados del Pozo del Rey, próximo al arroyo del mismo nombre y a la Casería Aguilera, que ocupa una extensión superficial de cien metros cuadrados. Se trata de una fuente con un caño compuesta por un pilón de piedra de planta rectangular y otra pequeña pila bajo el rebose. Dispone de una pequeña área recreativa habilitada por el Ayuntamiento de Priego en el 2009. Unos cuantos chopos dan sombra a un par de mesas con sus bancos de madera.

Los terrenos que nos rodean pertenecieron a la Dehesa Boyal de Castil de Campos, de la que ya tenemos constancia de su existencia desde principios del siglo XVI, apareciendo como zona limítrofe en una compra que hizo el Marqués de Priego, Pedro Fernández de Córdoba, a Alfonso y Antón Salvatierra.

Por un camino que se desvía a la derecha, a pocos metros del abrevadero, accederemos al cerro de la Hambrona, que fue utilizado, según atestiguan los restos, como asentamiento en el Neolítico y en la Edad del Hierro por los iberos. De época Neolítica se conserva además una pintura rupestre realizada en la pared de un abrigo situado en el talud rocoso del lado oeste, conocido como cueva de la Hambrona. Se trata de una figura de un cuadrúpedo representado de manera esquemática en color rojo.

La altura a la que se sitúa la fortificación, de 766 metros, le permite controlar una amplia zona de territorio al Norte y al Oeste del cerro, en las que las cotas son más bajas, y estaría en consonancia con el carácter de frontera que tiene esta zona en el período ibérico, situación que se repetiría en épocas posteriores. En principio, no parece existir continuación del recinto con la romanización, como sucede en otras fortificaciones, al menos no se atestiguan restos de cerámica u otro tipo de material que pudiera confirmarlo. En cambio, sí se encuentran numerosos fragmentos de cerámica ibérica común, así como pintada.

El recinto consta de dos anillos de muralla más una fortificación rectangular en la parte más alta del cerro. Es peculiar la disposición en talud de los muros de defensa inferiores, que están apoyados sobre los cortes del montículo, y con una fábrica de piedra caliza en mampostería de mediano tamaño. De estos muros se conserva una altura aproximada de entre 1,5 metros y 2 metros.

De vuelta al camino de Priego a Castil de Campos, llegaremos a la dolina de cueva honda, típica formación kárstica del relieve calizo. Es de estructura casi circular, y se sitúa en el borde de otra dolina mucho mayor y rectangular que hace unos ochenta años solía inundarse.

José Aumente Rubio

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Cerro Camarena, Cabra

Cerro Camarena

Cerro Camarena, enorme mole caliza que de oeste a este recorre la zona norte del término municipal de Cabra en su límite con el término de Doña Mencía.

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camarena

   17 de diciembre de 2017

Este domingo retomamos una ruta que en su día no hace mucho, quedo pendiente por una enorme tormenta que se avecinaba en el horizonte y que nos obligó abandonar para otra ocasión.

Coincidimos Maolet y yo de nuevo, así que manos a la obra, a quitarnos la “espina” que teníamos clavá desde entonces, el ascenso a esa gran mole caliza que de oeste a este asciende desde el cortijo Juan de Escama al poljé  de la Nava de Cabra, Camarena con sus 1169 m.

A través del Llano Seas llegamos al célebre Juan de Escama, pasamos los 2 abrevaderos y de inmediato empezamos el ascenso por su cara sur, durísimo lapiaz, piedras y más piedras de todos los tamaños, sueltas y ancladas con afiladas aristas que añadían más peligro y desafío a estos 2 locos enamorados de la montaña.

Avanzamos en nuestro ascenso, acompañados de otra gran dificultad, que tampoco pudo con nosotros, una enorme ventisca nórdica que se acrecentaba conforma ganábamos altura y que a pesar de los 8 grados reinantes hacia que sintiéramos 3 grados, ¡Que rasca compae!.

Al abrigo de unos riscos, disfrutamos de nuestro bocata y cervecita con celeridad por el ambiente tan gélido reinante, para continuar nuestra trepada por los riscos de la Piedra del Gato. Disfrutando de unas gratificantes vistas a nuestra campiña hacia el oeste y de nuestra preciosa Subbética hacia el sureste.

Hicimos cumbre, donde yacía un curioso abrigo de pastoreo y una caseta que afeaba el lugar, en cuya cara sur nos protegimos de la ventisca que ya alcanzaba los 60-70 km/h, insoportable señores, menos mal que a pesar de no haber planificado esta ruta para hoy, portábamos guantes, gorro, bragas y demás menesteres que mitigaron este ambiente glacial.

Aquí las vistas eran amplias al Quejigarejo, Abrevia, poljé, Torcal del Tranco, Llano Bajero, La Majá……

Tomamos dirección norte hacia la espectacular Llanada del Cerro, paradisiaco collado ya con pocas piedras y desnivel, pequeña tregua para nuestros sufridos “pinreles”.

Vuelta a Cabra por la cara noroeste de la citada Piedra, sin abandonar este duro lapiaz hasta Juan de Escama y de nuevo el Llano Seas o camino del Partidor.

Otra cumbre a engrosar la lista de las ya pateadas, posiblemente la de más dificultad y dureza hasta ahora.

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Cueva de los Mármoles

Cueva de los Mármoles

La cueva de los Mármoles, situada al sureste de la sierra de los Judíos es, sin lugar a dudas, una de las cavidades más importantes de Andalucía para el estudio del Neolítico.

       La cueva de los Mármoles, situada al sureste de la sierra de los Judíos es, sin lugar a dudas, una de las cavidades más importantes de Andalucía para el estudio del Neolítico; la presencia de materiales de una gran riqueza y diversidad, con una amplia cronología, así lo atestiguan. No hay que olvidar tampoco la existencia de vestigios del Paleolítico Medio, y los numerosos restos de la ocupación en época andalusí. A su evidente interés arqueológico hay que sumar su importancia geológica y natural, ya que está considerada como una de las grutas más bellas de la provincia de Córdoba.

Aunque ya había alguna noticia sobre la Cueva de los Mármoles en los años treinta, fue el pionero de la arqueología cordobesa Juan Bernier Luque quien dio a conocer este yacimiento a mediados de los años 60 y su poética descripción no deja lugar a dudas de la belleza del enclave: «Sobre la meseta caliza, invisible hasta no llegar a ella, se abre una profunda hoya de cerca de 10 metros de profundidad y con un diámetro de unos 40 metros, dimensiones que sobrecogen, sobre todo, cuando mirando a lo profundo se ve la tiniebla del gran arco de entrada como una puerta de los abismos. Verdaderamente este insospechado pozo en la tierra sobrecoge con su salvaje contundencia geológica. Bloques derruidos, grietas, rocas bamboleantes, enormes coladas estalagmíticas, oscuros agujeros laterales, brechas y conglomerados, presentan una maravilla de colores térricos que hacen juego con una arisca vegetación de oscuros verdes y con la paleta geológica de las sales de hierro, del cobre o de los albos yesos, que podrían dar una lección cromática a Benjamín Pelencia, a Ortega o a Tapies, con sus coloridos de materia radiante y de eternidad pura».

El pasado 20 de noviembre, pudimos leer en este periódico que Ecologistas en Acción advertía de la intención de abrir una explotación minera a cielo abierto en las inmediaciones de la cueva de los Mármoles. Una amenaza más se cierne sobre la frecuentemente maltratada gruta, sometida a un continuo expolio arqueológico en los últimos años. Con ánimo de concienciar sobre la importancia arqueológica y medioambiental de este enclave único, vamos a dar un tratamiento especial a la cueva de los Mármoles, dedicándole dos capítulos y haciendo un detenido recorrido por su dilatada historia.

PREHISTORIA

Las primeras evidencias de poblamiento en el territorio de Priego se remontan al Paleolítico Medio con una cronología situada en torno a los 90.000 años y con un grupo de pobladores identificados como Homo sapiens neandertalensis. De estos humanos la arqueología aún no ha conseguido una muestra ósea en el territorio prieguense, no así de los artefactos que fabricaron con sus manos. Los restos que se han constatado son una serie de útiles de sílex que se englobarían dentro del periodo denominado musteriense. Además de algunos yacimientos al aire libre pertenecientes a este periodo, destacan los restos encontrados en la cueva de los Mármoles. En un paquete de brechas datado en el musteriense, se encontraron, además de diversos trozos de sílex con posibles restos de talla, numerosos fragmentos de huesos de animales. «En nuestra mente pensamos cómo hace miles y miles de años la rojiza arcilla que hoy es roca endurecida se mezcló con los múltiples cadáveres de una fauna cuyas vértebras, cuyas cráneos, cuyos molares yacen destrozados formando un solo cuerpo con la roca», en palabras de Juan Bernier.

La aparición del Homo sapiens sapiens se suele datar aproximadamente hace unos 30.000 años, dando paso al Paleolítico Superior, que se ha dividido en cinco grandes etapas. De la última, el Magdaleniense (16.000 a 8.000 a. C.), se documentó en la cueva de los Mármoles un potente relleno con restos de huesos de animal. Del Epipaleolítico -etapa de transición entre el Paleolítico Final y el Neolítico- se han encontrado también piezas talladas en sílex con formas geométricas representativas de este momento.

 

En la arisca sierra de los Judíos se abre, entre otras, la honda cavidad de los Mármoles, cuya boca cara al cielo, presenta el aspecto de una sima o hundimiento, de sorprendente hosque­dad y misterio. Aunque, como vimos la semana pasada, esta cueva es considerada un santua­rio del Neolítico, su ocupación se prolonga en épocas posteriores. A lo largo del tercer mile­nio comienza en el sur de la península Ibérica la Edad del Cobre o Calcolítico donde se van a producir las primeras manufacturas realizadas con metales, siendo el cobre el mineral con que se iniciará la difusión de las técnicas metalúrgicas. A pesar de que en esta época el hom­bre suele abandonar el hábitat en cuevas para establecerse al aire libre donde construirá po­blados de cabañas, en la cueva de los Mármoles, junto a fragmentos de cerámica a mano y restos de talla en sílex, se han hallado brazaletes de arquero, cuernecillos de cerámica y un fragmento de cuenco con decoración campaniforme, todo ello típico de la Edad del Cobre.

Algunos escasos fragmentos de cerámica romana encontrados en la cueva indican una pre­sencia esporádica durante el período hispanorromano, no vinculado a un hábitat permanen­te, al contrario de lo que ocurrirá en la época del dominio musulmán. Efectivamente, durante los siglos X y XI d.C. la ocupación de cuevas naturales en el alfoz de madinat Baguh (Priego de Córdoba) se convirtió en una manifestación singular, sin parangón en ningún otro lugar de Al-Andalus; y sin lugar a dudas la gruta más importante de todas ellas fue la cueva de los Már­moles, a juzgar por el volumen de artefactos recuperados, los abundantes fragmentos de ce­rámica andalusí, y las peculiaridades de sus espacios y emplazamiento.

En época moderna y contemporánea, la cueva pasa a ser de nuevo refugio ocasional de pas­tores, cazadores o cualquier persona que necesitara resguardarse provisionalmente ante las inclemencias del tiempo; y también lugar de incursión de algún curioso visitante, que solía dejar constancia de su aventura mediante grafitis en las paredes o formaciones de la cavidad, como mínimo desde finales del siglo XIX.

Recientemente, se ha descubierto por parte del grupo espeleológico G40 un grabado del cé­lebre guerrillero antifranquista Tomás Villén Roldán, apodado como Cencerro, líder de la gue­rrilla en la Sierra Sur de Jaén, que seguramente utilizaría la cueva como refugio esporádico.

Finalmente, llega la época de su redescubrimiento y puesta en valor para la arqueología. Aprovechándose de su fácil acceso, pasaron por allí investigadores como Bernier y Fortea o López Palomo y arqueólogos varios. Durante los años 1982 a 1987 se efectuaron seis campa­ñas de excavación en el yacimiento, dirigidas por la ya fallecida profesora María dolores As­querino Fernández, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Cór­doba; y en 1999 se realizó un estudio científico en el yacimiento mediante una intensiva prospección superficial, que permitió recuperar numerosos restos humanos en las partes in­teriores de la cavidad.

El acceso más cómodo para llegar lo tenemos por la carretera CO-8206, que comunica dicha aldea con Castil de Campos, a través de la sierra de los Judíos. Pasado el kilómetro 3 y des­pués del carril de acceso a la ermita de la Virgen de la Cabeza, surge a la derecha una pista terriza que se dirige a la parte oriental de la sierra de los Judíos hasta llegar al ruinoso cortijo de la Sierra.

A un kilómetro y medio del inicio de la pista, si abandonamos la misma y avanzamos campo a través hacia el norte, a través de un matorral no muy cerrado de jara blanca, matagallo, aula­ga y algunas encinas dispersas, buscando la parte más elevada de la loma, llegaremos al vér­tice geodésico Calabazas, que con sus 991 metros de altitud es la cota más elevada de esta sierra, por lo que ofrece espectaculares paisajes de las provincias de Córdoba y Jaén.

Murciélagos en la gruta

Una vez lleguemos a las ruinas cortijo de la Sierra, hay que seguir hacia el sur por un camino que marca el límite entre el olivar y el encinar, bordeando un muro de piedra. Hacia el oeste, el olivar penetra como una cuña, y a pocos metros de la esquina o límite del mismo se sitúa la cueva de los Mármoles. Esta cavidad tiene un desarrollo topográfico de 377 metros, y un desnivel máximo de -45 metros. La entrada actual está constituida por una abertura circular de unos 10 metros de diámetro. El recorrido de la cueva es lineal sin importantes desniveles y consiste en una galería descendente en su primer tramo y horizontal hacia el fondo (Sala de los Murciélagos), y una sala final denominada Gran Salón. En estos espacios principales apa­recen lateralmente algunos espacios secundarios pequeños como la sala de las Columnas, sala de los Nichos o sala del Pánico.

Aunque se trata de una cueva de fácil acceso, muy conocida en el entorno, e incluida incluso en un itinerario señalizado por el ayuntamiento de Castil de Campos, debemos ser muy res­petuosos con este yacimiento arqueológico, y contentarnos con admirar desde fuera el gran boquete de su entrada, para no molestar a la comunidad de murciélagos que allí habita ni in­terferir en futuros estudios arqueológicos que allí puedan realizarse. Como dijo Juan Bernier, «cada resto, cada hueso, que se descubre en el humus cálido, entre los bloques desprendi­dos del techo protector, deja una huella, que si no nos refiere detalles domésticos, sí puede a grandes rasgos y con saltos gigantes en el tiempo, darnos un acontecer histórico de ese ‘clam’ oscuro que eligió, cara al cielo, la profundidad de la tierra, para nacer, vivir y morir».

 

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El Esparragal, aldea de Priego de Córdoba

El Esparragal, aldea de Priego de Córdoba

Esta aldea, que debe su nombre a la gran concentración de esparragueras, destaca especialmente por su entorno paisajístico y su arquitectura rural bien conservada

el esparragal, priego

La Aldea del Esparragal, a cuya izquierda se distingue el cerro del Torreón con la sierra Alcaide al fondo.

Las aldeas y diseminados rurales de Priego constituyen uno de los exponentes más representativos de su población que, lejos de concentrarse en el casco urbano, se dispersa por la totalidad del término municipal. Obedece esta tendencia a la necesidad de ubicar la vivienda en el mismo lugar donde se tienen los modos de subsistencia (agricultura y ganadería), que además solía estar en un entorno agreste de difíciles comunicaciones.

Llama la atención que la denominación de algunas aldeas prieguenses derive del nombre de una determinada planta. Ya vimos el caso de la aldea del Tarajal, y hoy vamos a hablar del Esparragal, aldea cuya denominación procede de otra planta, la esparraguera, muy abundante en sus inmediaciones.

El Esparragal, aldea de 233 habitantes, destaca por su entorno paisajístico y su arquitectura rural bien conservada, especialmente en el barrio llamado El Bajondillo. En el trazado urbano se puede adivinar la peculiar forma de cruz que ofrecían sus calles, aunque hoy aparezca algo desdibujada por las nuevas construcciones. Como todas las aldeas, El Esparragal cuenta con su propia fuente, en este caso de tres caños, de planta rectangular y completamente encalada, que vierte el agua a una alberca a unos 20 metros abajo y que es compartida por una pequeña comunidad de regantes de la zona. Antiguamente, por encima de la alberca existía un lavadero público.

El origen de la Aldea como tal es bastante incierto. Se sabe que ya se existía en el siglo XVIII, aunque con una población escasa. Hay documentos que hablan de tan sólo 36 vecinos para el año 1777, aunque al parecer con el tiempo llegó a tener más de 1.200 habitantes, antes de que la crisis migratoria de 1960 diezmara su población.
Al norte, la aldea está protegida por sierra Alcaide, imponente y áspera montaña que alcanza su cota más elevada en un vértice geodésico que recibe el mismo nombre que la aldea, Esparragal, de 1079 metros de altitud; y por cuya cuerda discurre el límite entre los términos municipales de Priego y Luque.
 

EL TORREÓN

Al sur, se hace especialmente atrayente un abrupto y pedregoso mogote de calizas y dolomías masivas, con ciertos picos que le confieren un aspecto encrestado, completamente aislado y al pie del cuál, en la vertiente opuesta a la aldea de El Esparragal, discurre el río Zagrilla. Aparece en los mapas topográficos como Torreón del Esparragal, denominación que tiene su explicación por la presencia en su cima -833 metros- de los vestigios de una torre, que, sin embargo es llamada por los vecinos de la aldea con el modesto nombre de La Torrecilla, ya que los restos que de ella quedan son mucho menores que los de la vecina Torre de Barcas.

De esta torre, que tiene un diámetro de 3,5 metros, sólo se conserva algo más de los cimientos, aunque es suficiente para deducir que se trata de una torre cilíndrica o troncocónica y que seguramente pertenezca a la tipología de las torres de pequeño tamaño, macizadas hasta la altura de unos cuatro o cinco metros del suelo, con una o dos ventanas o aberturas a la altura de la cámara o habitación superior.

Desde esta torre se vigilaba y controlaba el paso del camino viejo que procedente del de Priego llevaba al piedemonte egabrense, y su amplio abanico de visibilidad la ponía en contacto con otras torres cercanas, como la Torre de Fuente Alhama, de Barcas, con la Torre Alta, la del Espartal y con la Torre Uclés.

Parece que se construyó en una época distinta a la del resto de torres nazaríes del campo de Priego, dado que sus características difieren algo de aquéllas. La duda está en si sería construida antes o en la misma época que la fortaleza de Asbarragayra, nombre que hacía alusión a una fortificación mayor que parece corresponder la de la cercana Torre de Barcas; o bien, fue levantada posteriormente por los cristianos, una vez que hubieron definitivamente arrebatado Priego a los nazaríes en 1341.

Restos del pasado

El interés arqueológico de este cerro no se limita a los restos de la torre. En las zonas más llanas de la vertiente norte del Torreón del Esparragal se localiza un interesante asentamiento prehistórico. Los inicios de su ocupación parecen que se encuentran en la etapa final del Neolítico: la calidad y variedad de las cerámicas decoradas, además de otros elementos, alguno en proceso de fabricación, así nos lo indica. Sin embargo, la presencia entre estos materiales de las típicas fuentes de borde engrosado nos conduce a momentos avanzados de la Edad del Cobre.

También de este cerro procede el único fragmento de cerámica campaniforme que ha aparecido en Priego, lo que indica que existieron relaciones con otras poblaciones calcolíticas más avanzadas.

En la ladera sur del cerro del torreón de Esparragal, se abre la cueva de la Detrita, cavidad de corto recorrido que tiene la entrada orientada al Oeste. En su interior también se localizaron materiales del Calcolítico, pero lo más interesante es que en una pequeña sala de la misma apareció un enterramiento de la Edad del Bronce donde se recogió un interesante ajuar funerario, aunque no se pudieron documentar los restos óseos.

A la aldea del Esparragal se puede llegar por la carretera CO-8211, si se viene desde Priego por Zagrilla Baja; o por la carretera CO-7210, si se viene desde Carcabuey, uniéndose a la anterior cerca de Zagrilla Alta. La carretera que desde Zagrilla Alta va a Esparragal está levantada sobre una vía pecuaria y pasa por la villa turística de Priego. Un camino que parte al este de Zagrilla Baja llega hasta El Esparragal, entrando en dicha población por la calle Fuente.

 

JOSÉ AUMENTE RUBIO

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Sierra de los Judíos

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Parece muy probable que la denominación de Sierra de Los Judíos tenga que ver con el origen de los pobladores de esta zona en el medievo tardío, proceso que posiblemente se inició a raíz de la dispersión de la comunidad judía de Lucena hacia el fin del siglo XV

SIERRA DE LOS JUDIOS-

         A principios del siglo XVIII, el Ayuntamiento de la villa de Priego estableció la costumbre de subdividir las tierras comunes entre los hijos de los arrendatarios y de conceder permiso para edificar casas en los abrevaderos que estaban alrededor de los muchos y abundantes manantiales que se encontraban en aquel término. Así, algunos vecinos de Priego comenzaron a levantar casillas de teja o retama para habitar cerca de las labores, y de aquí resultaron muchas de las aldeas de Priego.

En el Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones de ultramar de Pascual Madoz, escrito a mediados del siglo XIX, aparece una aldea prieguense denominada Cortijos del Judío, que estaba situada entre varios cerros poblados de viñas y olivos, a la izquierda del camino que de Priego conduce a Almedinilla. Con el tiempo, esta aldea pasó a llamarse La Concepción y la sierra que se levantaba a sus espaldas adoptó el nombre de la población original, denominándose Sierra del Judío o de los Judíos, aunque en algunos planos topográficos aparece nombrada como Sierra de Palomeque.

Sin embargo, en un documento anterior, el capellán Antonio Lozano y Valenzuela escribía un informe, hacia el año 1793, donde ya hablaba de la Sierra del Judío, de la que decía tener «legua y cuarto de larga y tres cuartos de legua de ancha. Para subirla se necesita media hora. Dista de este pueblo (Priego) más de media legua. Tiene un puerto llamado la Torre de las Cabras». Y esa torre de época medieval no es la única que encontramos en esta amplia elevación, que destaca levantándose por encima de los 800 metros sobre los olivares y huertos de la Depresión de Priego-Alcaudete. Aunque ya sólo quede el topónimo, habría que hablar también de la torre del Serval.

Parece muy probable que la denominación de Sierra de Los Judíos tenga que ver con el origen de los pobladores de esta zona en el medievo tardío, proceso que posiblemente se inició a raíz de la dispersión de la comunidad judía de Lucena hacia el fin del siglo XV. Otras teorías aluden a una deformación del término «los huidos». En todo caso, resulta curioso comprobar que aún quedan vestigios de romances de origen sefardí en las tradiciones de la aldea de La Concepción.

En la cima de la Sierra de los Judíos se sitúa la dehesa más importante del municipio de Priego. La imagen de un encinar muy aclarado dispuesto sobre una extensa planicie a modo de meseta, recuerda en cierto modo a las dehesas de los Pedroches. Sin embargo, hay diferencias evidentes. Los fenómenos de carstificación y modelado de las calizas crean lapiaces en buena parte de la sierra, que sólo son aptos para el pastoreo de cabras. Por tanto, en esta peculiar dehesa no veremos ni vacas ni ovejas ni cerdos, ganadería fundamental en el paisaje del norte del Córdoba. Por otro lado, la horizontalidad de los estratos geológicos calizos hizo posible la formación de dolinas y uvalas, depresiones poco pronunciadas cubiertas de arcillas de descalcificación que en primavera muestran un bello tapiz rosado de geranios silvestres.

Esta Sierra de los Judíos, junto con el paraje de las Angosturas y el cerro de los Leones, constituyen lo que se ha denominado Complejo Serrano de La Concepción, donde se da la concentración más notable de yacimientos neolíticos de toda la Subbética de Córdoba, y en donde se encuentran las dos cavidades más importantes: la cueva de la Murcielaguina y la cueva de los Mármoles. Esta última, situada en la parte oriental de la Sierra de los Judíos, a 914 metros de altitud, fue el primer lugar donde se habló de un yacimiento musteriense en la comarca, y se han encontrado también restos del final del Paleolítico Superior. No son las únicas cavidades, también hablaremos en próximos capítulos de las cuevas del Higuerón, del Agujerillo, de la Hambrona, Cueva Honda o de la sima de los Macarrones.

Variedad de orquídeas

En este complejo serrano se dan cita algunas especies botánicas de interés, y en especial destaca la abundancia y variedad de orquídeas, como la poco frecuente Barlia robertiana. En cuanto a la fauna, están presentes, entre otras muchas especies, el gato montés, el cernícalo vulgar y el águila perdicera.

Para una primera aproximación a la Sierra de los Judíos aconsejamos recorrer una carretera de la Diputación de Córdoba, la CO-8206, que presenta tramos sin asfaltar. Tiene unos ocho kilómetros y atraviesa la sierra de norte a sur, conectando las dos poblaciones más importantes que se asientan en sus estribaciones, Castil de Campos y La Concepción; y es muy adecuada para transitarla en bicicleta. Se inicia en la carretera CO-7206, a entrada de la aldea de Castil de Campos, a mano derecha si se viene de la carretera A-333. Desde la aldea, el carril sube serpenteando hasta coronar la Sierra de los Judíos.

Los olivares de las partes más bajas van dando paso a un encinar muy tupido con matorral de retama, jara blanca, aulaga, lentisco, torvisco, matagallo, marrubio y algunas plantas aromáticas, como tomillo y mejorana.

En lo más alto de la sierra, a 961 metros de altitud, y rodeada de un encinar ya más aclarado, se sitúa una ermita dedicada a la Virgen de la Cabeza, que se inauguró en el año 1992, y donde, cada tercer domingo de junio desde el año 1987, se celebra la romería. Desde la ermita parten algunos senderos que nos permitirán asomarnos a las diferentes laderas de la sierra para disfrutar de las vistas que ofrecen de las montañas y pueblos cercanos, no sólo de la provincia de Córdoba, sino también de las de Jaén y Granada. El descenso se realiza por la cara sur.

 

JOSÉ AUMENTE RUBIO

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